Decidir a qué nos vamos a dedicar toda la vida, y que esta decisión coincida con algo que amamos y para lo que somos buenos, es la cuota inicial de una vida plena. Ahora, si nosotros simplemente dedicamos los días, semanas, meses y años a trabajar para producir dinero, es probable que con el paso de los años no le veamos mayor sentido a nuestra existencia. Esto sería equivalente a que decidiéramos, conscientemente, que la mayor parte de la vida la dedicáramos a hacer algo que no nos gusta. Recuerda que, para bien o para mal, casi la única cosa que podemos hacer durante ocho horas diarias es trabajar. No podemos comer, ni hacer ejercicio, ni mucho menos hacer el amor con nuestra esposa durante ocho horas al día. Ahora, si no disfrutamos la actividad a la que dedicamos más tiempo en nuestra vida, sería razonable pensar que eso nos llevaría a no tener una vida muy placentera que digamos. Siempre me ha llamado la atención un fenómeno que se conoce como el síndrome del domingo. Aunque no conozco estadísticas oficiales, se calcula que entre el 50 % y el 70 % de la población mundial padece de este síndrome. A mí, esto me parece absolutamente preocupante, desde muchos puntos de vista. Voy a mencionar tan solo dos.
Primero, el hecho de que posiblemente más de la mitad de las personas del mundo sientan depresión, ansiedad, estrés y dificultad para dormir porque en unas horas tienen que ir a trabajar me revela que algo estamos haciendo mal. Lo peor es que hay conciencia generalizada sobre este tema, y a menudo y con algo de humor, se hace referencia al domingo en la noche como un momento triste de la semana. O sea, llegó el lunes y empezamos a esperar con ansiedad que llegue el fin de semana.
Segundo, si el 50 % o más de la población trabaja sin entusiasmo y sin gusto por lo que hacen, no podemos esperar que la productividad de nuestras familias, empresas, ciudades y países sea alta. Yo siento que, en buena medida, estos problemas pueden solucionarse si, desde muy jóvenes, logramos conocernos para saber cuál es ese propósito superior que puede motivarnos y para el que tenemos destrezas especiales. Esto, muy seguramente, nos puede permitir llevar una vida muy agradable, y también es muy probable que seamos mejores personas en todo sentido. Si nosotros descubrimos cuál es nuestra gran pasión y logramos trabajar con personas que crean en nuestro propósito de vida, va a ser mucho más probable que tengamos un equipo de trabajo motivado, feliz y, por ende, muy productivo y exitoso.
Seguramente, si la mayoría de la gente disfruta de su trabajo sería lógico esperar que cada uno se esmerara más por hacer su trabajo de la mejor manera posible. En otras palabras, si queremos ayudar al desarrollo y progreso de nuestra sociedad debemos comenzar por descubrir nuestro propósito y ayudar a las personas que nos rodean a que hagan lo propio.



