Sobre Juan Carlos Dangond (Juank)

Hola, querido lector: Soy Juan Carlos Dangond, un colombiano amante de la música, del fútbol y del cine, sobre todo si estos planes van acompañados del placer de cocinar. En particular, disfruto la cocina de carnes de cocción lenta a la brasa (especialmente la punta de anca o picaña de res o de cerdo), verduras al horno, arroces y salteados tipo tai o japonés. Uno de mis grandes placeres es entablar una buena conversación, acompañada en ciertas ocasiones de un gin tonic con algunas rodajas de pepino cohombro. Soy economista, apasionado por la gerencia, los modelos y estrategias de negocio, el mercadeo digital y el comercio electrónico; también me apasiona la integración de tecnologías de última generación con tecnologías tradicionales. Creo firmemente que la combinación de tener un propósito, de ser virtuoso y de implementar una estrategia acompañada de innovación les permite a las personas vivir a plenitud y con muchos momentos de felicidad. En mi infancia, los computadores no eran muy comunes, pero yo, como niño privilegiado que para bien o para mal fui, pude tener el primero a comienzos de la década de los ochenta (un Atari 800XL), cuando yo contaba poco más de once años.

Tiempo después me compraron un Epson Abacus, con el que hice algunos cursos básicos de programación y aprendí a disfrutar el en ese entonces naciente mundo digital. De hecho, empecé mi vida universitaria estudiando Ingeniería de Sistemas, pero mi falta de disciplina y mi irresponsabilidad (por no decir vagancia) hicieron que ese periplo durara únicamente dos semestres. Terminé estudiando Economía y disfrutando una carrera que, en el fondo, busca “simplemente” entender la naturaleza humana para tomar decisiones que maximicen el bienestar de las sociedades. Mientras estudiaba Economía trabajaba en un laboratorio de computadores de mi universidad, lo cual me permitió fortalecerme en estos menesteres de la tecnología. En mi alma mater (Universidad de Illinois) nació lo que yo llamo la mitad del internet: el navegador web Mosaic (hoy Mozilla Firefox). La otra mitad fue el protocolo HTTP, que se desarrolló en el laboratorio CERN, en Suiza. El hecho de estar expuesto a estos temas tecnológicos avivó en mí el espíritu emprendedor, por lo que cuando regresé a Colombia fundé Intermarket junto con mi hermano Edgardo. Hoy, casi 30 años después, siento la misma pasión que cuando arrancamos, pese a que Intermarket está en proceso de disolución; claramente, mi enfoque profesional ha evolucionado con el paso de los años y con las posibilidades que ofrecen la experiencia adquirida, el estudio y los gigantescos avances de la tecnología. En este libro busco hablar de todos estos temas de una manera muy informal, con la intención de ayudar a quienes lo lean a comprender la importancia que estos asuntos tienen y ofrecerles las plataformas etotal.net y propulsor.ai, que utilizan una metodología sencilla y paso a paso para ponerlos en práctica. Aunque Intermarket está a punto de ser liquidada, hoy en día pongo en práctica los aprendizajes de esos casi 30 años en la empresa a la hora de emprender. Tanto los aciertos que tuvimos como los errores cometidos me permitieron definir una metodología en la que se combinan el poder de la pasión y del propósito, la claridad y seguridad de un modelo de negocio estructurado y validado, la simplicidad de una buena estrategia de vida o de negocios y de mercadeo y la eficacia de una ejecución con enfoque gerencial bien implementada.

A mi juicio, la tecnología es una herramienta clave para lograr engranar todos estos elementos y ayudar a nuestros clientes a alcanzar sus metas y objetivos aprendiendo de cada acierto y de cada error. Gracias nuevamente, y espero que disfrutes leer estos textos tanto como yo disfruté escribiéndolos.  El propósito: la insensatez de solo pensar en los resultados Mi vida profesional siempre ha girado alrededor de la estrategia, la gerencia, la tecnología y el mercadeo. En mi caso, lo que me ha permitido mantenerme motivado ha sido que realmente siento una gran pasión por estos cuatro temas. Decidí emprender desde muy joven, sin mucha experiencia y con la soberbia y la estupidez dignas de la juventud, pero no me quejo de los resultados. Durante este tiempo al frente de la empresa ha habido buenos momentos y otros no tan buenos, pero todos me han dejado algún tipo de enseñanza. Con los años aprendí que cometer errores es inevitable (incluso necesario) a cualquier edad, pero lo que sí podemos evitar es cometer el mismo error varias veces. Para contextualizar el tema de nuestro propósito, analicemos la diferencia entre un padre de familia que tiene como propósito superior en la vida hacer felices a su mujer y a sus hijos. Claramente, este debe ser viable económica y financieramente, pero también es claro que se necesitan otros factores para cumplirlo; por el contrario, si una persona tiene como propósito superior ganar dinero, puede ser una decisión que no sea conveniente para su bienestar y el de su hogar. Lo mismo sucede en las empresas. Si el propósito superior de una compañía es, por ejemplo, conseguir el bienestar de sus clientes o empleados, está implícito que debe ser rentable para lograrlo, pero también que está primero el bienestar de sus clientes y empleados antes que la rentabilidad. En este caso, la rentabilidad es un resultado que se obtiene al trabajar por un propósito superior.

Si analizamos la palabra emprender, podremos comprender que no se limita a la creación de empresas. Un domingo emprendemos cuando decidimos preparar una lasaña casera estilo italiano o un asado de punta de anca (picaña en el sur de Suramérica) aromatizada con romero, estilo gaucho; entonces, básicamente, todo lo que hacemos es un emprendimiento. ¿Cuántos de nuestros emprendimientos en la vida son exitosos? O mejor aún, ¿podemos controlar que lo sean? ¡La respuesta es no! Lo que sí podemos es disfrutar el proceso de cada emprendimiento, pues eso sí depende de nosotros. No llevo las cuentas, pero tengo claro que la mayoría de los proyectos que he emprendido en mi empresa no han llegado a feliz término; sin embargo, les puedo asegurar que he disfrutado muchos de ellos. De hecho, como les decía, esa pasión ha sido mi motor y mi principal motivación. Para mi hermano y para mí es un gusto y un placer ayudar a nuestros clientes a trabajar de manera inteligente para lograr lo que se proponen, pero también asegurarnos de disfrutar el proceso para que nuestros clientes también lo disfruten. Somos una empresa realista, que no crea falsas expectativas, por lo que les hacemos saber a nuestros clientes que cada campaña y cada proyecto pueden ser exitosos o no. Una de las cosas que siempre hacemos antes de empezar a ejecutar es confirmar que las metas, objetivos y planes de acción estén claros, para así poder planear, dirigir, medir y controlar el proceso y, a la vez, aprender de él. Si analizamos el tema de los procesos y los resultados desde un punto de vista estoico, podríamos decir que cuando emprendemos debemos ser conscientes de la dicotomía del control. En otras palabras, tenemos que entender que solo podemos controlar algunas variables que determinan si logramos o no nuestras metas. Lo importante es disfrutar el proceso y concentrarnos únicamente en las variables que sí podemos controlar. Eso nos puede garantizar que no dependamos del resultado para gozarnos nuestro emprendimiento.

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