Agradecer públicamente es algo que tiene un gran valor para mí y que, además, representa una enorme responsabilidad. Lo digo porque son muchas las personas a las que quisiera dar las gracias. Siempre he tenido claro que nada de valor se puede hacer solo, sin contar con un equipo, así como también que ciertas cosas pueden ser del agrado de algunas personas, pero no de todas. Igual, el verdadero valor de lo que hacemos está basado en cómo valoramos nuestro propio trabajo, cuánto valoramos el resultado final y qué tanto disfrutamos y aprendemos de cada proceso. En ese orden de ideas, quiero darle las gracias a mi esposa, Elsa Victoria, por todos estos años de amor, compañía, paciencia, apoyo y solidaridad. Personalmente, pienso que el amor es una decisión que tomamos a diario de manera consciente. El proceso de conocernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos es permanente, y mientras más me conozco, más valoro a las personas que deciden estar a mi lado. A Toyita también le agradezco el hecho de motivarme con su ejemplo de tenacidad, disciplina y vocación de servicio. Este libro es, literalmente, un compendio de los aprendizajes que he acumulado durante más de 30 años de experiencia profesional, lo cual hace que muchas personas hayan aportado en este proceso.
Claramente, mis papás han sido siempre para mí un polo a tierra. Mi papá, que hace casi dos décadas abandonó el plano terrenal, me dejó bonitas e importantes lecciones de sentir un genuino interés por ayudar a los demás. De hecho, es una de las pocas personas que conozco que le daba la mano incluso a la gente que él sabía que no merecía su ayuda. Mi padre solía decir: “Nuestra única obligación en la vida es ser felices, sin hacer daño a nadie”. Mi mamá fue la compañera de vida incondicional de mi papá y la persona que se encargó de equilibrar la balanza en materia de disciplina, pues él era bastante permisivo con sus hijos, especialmente conmigo. Ella es una persona que siempre ha tenido claros sus planes y la forma en la que debe actuar para hacerlos realidad. Mi mamá es una persona bondadosa, centrada, activa, lúcida, inteligente, incondicional, muy hábil para los negocios y con un gran sentido de pertenencia familiar. Lógicamente, hay varios familiares que han sido muy importantes para mantenerme motivado y capaz de disfrutar mi trabajo y mi vida. Nuestra familia se caracteriza por organizar eventos que, normalmente, giran alrededor de la culinaria, lo cual les agrega valor a estas experiencias que siempre han sido un espacio que valoro y disfruto. Así mismo, valoro y agradezco en forma muy especial la amistad. En la vida utilizamos este término de una manera muy amplia, lo que me parece válido y hasta conveniente. Todos tenemos amigos de rumba, de planes de pareja, de trabajo, de deporte, etc. Yo he contado con la suerte de ser amigo de mis socios y socio de algunos amigos. Sé que suena a frase de cajón, pero, por convicción, tengo que dar las gracias también a las personas que no creen en mí, o incluso que no me quieren. Es claro que cada vez que tenemos dificultades en la vida, estas son oportunidades de demostrarnos que sí somos capaces de superarlas. En realidad, es difícil verlas como oportunidades, pero la vida se encarga de hacernos ver que sí lo son. Estas situaciones nos ayudan, con el tiempo, a valorar mucho más a las personas que están con nosotros, es decir, a aquellas personas que tienen la capacidad de comprender por qué son claves las cosas que resultan importantes para nosotros. En otras palabras, nuestro propósito superior y nuestras metas.



