Estoy convencido de que todas las personas tenemos algo que ofrecer a nuestros seres queridos y a la sociedad, sin excepción alguna. Es nuestra obligación saber cuál es ese talento que nos va a mostrar el camino, es decir, nuestro propósito en la vida. No quiero sonar muy trascendental, pero pienso que una vida rutinaria de levantarse a trabajar, alimentarse y dormir no es una vida plena. Si bien es cierto que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. esa ecuación no cuadra. Alguna vez escuché a Bill Gates decir en una entrevista que uno en la vida debe saber cuál es su martillo, y explicaba que, en su caso, su martillo es la tecnología. Lo que quería decir el señor Gates es que todos tenemos que saber cuál es la herramienta que nos permite solucionar problemas.
En mi caso, creo que mi pasión, conocimientos y experiencia en estrategia y tecnología son el martillo con el cual ayudo a solucionar problemas. Yo cambié mi enfoque profesional a los 50 años. Antes, durante casi 30 años, ayudaba a mis clientes a diseñar e implementar estrategias de mercadeo digital y ventas en línea, y le daba prioridad al tema estratégico. En la actualidad, me propongo aumentar el número de personas que disfrutan su trabajo, y le doy también mucha prioridad al propósito. El propósito no tiene que ver, necesariamente, con nuestra actividad profesional; alguien puede ser ama de casa y tener como propósito ayudar al medio ambiente o convertirse en un excelente miembro de familia. Aunque cambié mi enfoque, mi martillo sigue siendo el mismo. Es fundamental que descubramos cuál es ese talento que nos permite aportar algo a la sociedad. Personalmente, creo que mi pasión por tener un propósito en la vida, una estrategia y una visión gerencial, combinada con mi gusto por expresar mi forma de pensar, me permiten despertar interés y motivar a la acción.
La verdad es que todos tenemos un propósito; lo que hay que descubrir es cuál es el nuestro. Debemos analizarnos, pensar en nuestras creencias. Lo que creemos nos va a ayudar a definir la forma en la que debemos comportarnos, y esto, de alguna manera, nos va a ayudar a definir nuestro destino. Nuestra felicidad depende solamente de nosotros, y este estado de ánimo, a su vez, va a tener un efecto directo en la felicidad de nuestros seres queridos. ¡Vamos pa’lante!



